Empiezas a dar forma a un proyecto. Sientas las bases del mismo y creas un plan de negocio previo siguiendo todos los pasos que las guías de emprendimiento te indican para no llevarte luego ninguna sorpresa. Comienzas a plantear una estrategia para arrancar, para darte a conocer y de repente, frenas en seco ante una realidad abrumadora. No te falta ilusión, el proyecto te emociona, sabes que puedes llevarlo a cabo, pero tienes que cumplir unas obligaciones y te das cuenta de que no estás segura si podrás.
Cuando además de supuesta futura emprendedora eres madre y empiezas a planificarlo todo, los números se amontonan, y es que sólo las horas de trabajo que requiere llegar a la suma resultante para pagar el seguro autónomo, el IVA, y todas las obligaciones que conlleva iniciar una actividad y tener un sueldo humilde sin grandes aspiraciones, es harto complicado de compatibilizar con la crianza de un hijo. Y todo esto suponiendo que tienes clientes que te encarguen trabajo… porque hay que buscarlos, no caen del cielo.

Y entonces nos asalta la pregunta ¿Cómo? ¿Quieren decirme cómo se hace? ¿Cómo es posible que no exista una tarifa dócil, flexible, progresiva y adaptada para que un padre o madre de familia en situación de desempleo tenga medianamente fácil ganarse la vida cumpliendo con la legalidad y rehusando la economía sumergida en las horas y meses que las obligaciones escolares de nuestros hijos nos permiten? ¿Cómo es posible que un país con la tasa de paro que tiene España no facilite la opción a este grupo de la sociedad de hacerse autónomo a media, un tercio o un cuarto de jornada según el tiempo del que disponga cada uno? ¿No se dan cuenta de que queremos trabajar, que queremos ser nosotros los que levantemos el país para nuestros hijos, y que no queremos ni podemos pagar a una persona para que los cuide mientras nosotros nos dedicamos a arrancar una actividad? 
Y todo ésto sin tener en cuenta la inversión previa que hay que hacer para arrancar cualquier negocio, que eso ya es otro cantar. 
Emprender debería ser premiado, motivado y aplaudido por el Estado. Y la cuota de autónomo anual, incluso la bonificada creada por el actual gobierno, supone un desembolso anual excesivo para un pequeño emprendedor. Es un disparate a todas luces que la cuota del seguro autónomo sea la misma para todos, ¿y si yo solo quiero tener uno, dos ó tres clientes bien atendidos? ¿Es que piensan que todo emprendedor quiere ser un gran empresario? Esta pregunta también va dirigida a las entidades bancarias que en sus campañas con cuentas que supuestamente pretenden facilitar las cosas a los emprendedores te exigen tener saldos astronómicos para no cobrarte comisiones hasta por respirar. ¿Pero… estamos locos?.
Con esta sensación de haber perdido una batalla y apesadumbrada, cierro mi hoja de cálculo y recuerdo el momento en que se me ocurrió dejar de mirar webs de ofertas de trabajo para soñar con emprender y alcanzar el objetivo de la conciliación familiar. Casualmente esa misma noche, un nuevo post en el muro de Facebook del Club de Malasmadres me atrapa y en concreto una frase: “Adrenalina y frenesí no le faltan a esto de emprender”, y un montón de comentarios de mujeres, madres, que como yo intentan establecerse cada una con su objetivo profesional. Gracias a Laura Baena y su club por su inspiración y motivación para tantas mujeres que queremos ser madres y también desarrollar nuestro yo profesional. Las circunstancias mandan y he de intentarlo, no quiero que me arranquen la ilusión. No voy a rendirme. #yonorenuncio

Las imágenes de este blog han sido descargadas de Pixabay y editadas posteriormente por Carmen Barón. 

Post relacionados

Comparte si te ha gustado
Email this to someoneShare on FacebookPin on PinterestShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn